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Legumbres, cereales y patata de la A a la Z:

Conozcamos las patatas y otros tubérculos

Conozcamos las patatas y otros tubérculos :: Consumo y producción

Consumo y producción

Las primeras patatas introducidas en Europa en el siglo XVI se adaptaron mal a las condiciones del clima. Pertenecían a la subespecie andígena de la especie S. tuberosum que procedía de las altas mesetas andinas. Esta especie sólo forma tubérculos en un período de cultivo de días cortos. Trasladada a nuestro clima, resultó improductiva en los periodos de verano de días largos.

El agricultor se vio en la necesidad de transformar la especie y lo logró al convertir a S. tuberosum ssp. andígena en otra subespecie llamada S. tuberosum spp. tuberosum, más precoz. Este primer trabajo de selección permitió a mediados del siglo XVIII una mejor productividad que se tradujo en la extensión de la papa por toda Europa, y el inicio de su cultivo a gran escala.

Los primeros campos de cultivo extensivo se lograron al sur de Francia, al sur de Irlanda y en terrenos continentales que presentaban inviernos suaves. Durante los años de guerras y hambrunas fue el alimento básico de los pobres. En España, en 1817 la Diputación Foral de Álava acordó la obligatoriedad de su cultivo, y el rey Guillermo Federico de Prusia legisló a favor de las tierras que se explotaran para cosechar patatas.

En la actualidad, de las más de 350.000 hectáreas dedicadas a este cultivo en España en la década de los años 70, con una producción que alcanzaba los 5,6 millones de toneladas, se ha llegado a las poco más de 101.000 hectáreas de siembra (Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, MAPA, 2003) y una producción de alrededor de 3 millones de toneladas. Sin embargo, en la Unión Europea la producción de patata se ha mantenido y se sitúa en los 60 millones de toneladas, el 18% de la producción mundial, que es de 321 millones de toneladas. Rusia, Polonia y Alemania son los mayores productores europeos, seguidos de los Países Bajos, Francia y el Reino Unido.

En el año 2005, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), el consumo anual de patata en España alcanzó los 35 kilos por persona, casi 10 kilos menos del dato anterior de 2002. En Europa se mantiene su importancia y supera los 75 kilos por habitante y año.

Marcas de calidad de las patatas

En España se encuentran las siguientes marcas de calidad:

  • De producción ecológica y producción controlada

    Ambas tienen como criterio el uso de residuos orgánicos como fertilizante principal, e incluso único en el caso de la producción orgánica o ecológica.

  • Producción integrada

    Incluye a la Patata de Andalucía, Patata de Baleares, Patata de Castilla y León, Patata de Cataluña y Patata de La Rioja. Destaca la patata de Álava que ostenta el label vasco de calidad (etiqueta de calidad).

  • Indicación Geográfica Protegida (IGP):

    Exige el cultivo de patata en unas condiciones establecidas y reguladas en un ámbito geográfico determinado. Han obtenido el sello máximo de calidad la Patata de Galicia (variedad Kennebec, cultivada en territorios concretos de A Coruña, Lugo y Ourense) y la Patata de Prades (variedad Kennebec, cultivada en los términos municipales de Prades, Capafonts, La Febró y Arbolí, pertenecientes a la Comarca del Baix Camp, en Tarragona, Cataluña).

Patatas transgénicas

En el pasado, la mejora genética por medio de cruces entre variedades de patatas se enfocó a incrementar el rendimiento de la producción, es decir, más toneladas por hectárea sembrada, así como en desarrollar variedades resistentes a plagas y enfermedades. En la actualidad, las mejoras genéticas de la patata tratan de aumentar su calidad nutricional. Se ha visto que algunas características nutricionales pueden ser manipuladas a través del cruzamiento tradicional y la ingeniería, aunque su éxito dependerá de la aceptación por parte de los consumidores. En este sentido, los programas de investigación se centran en estudiar la mejora de la calidad de la proteína (fortaleciendo la calidad proteica con aminoácidos esenciales), aumentando la concentración de vitamina A en todas las variedades (sólo es abundante en las variedades de color de carne amarillenta o rojiza), incrementando los niveles de polifenoles y otros antioxidantes. Incluso se está trabajando en cambiar la composición de la patata para que resulte menos grasa cuando se fríe. Otras líneas de investigación se centran en eliminar los alcaloides, compuestos indeseables de la patata, que el tubérculo produce de manera natural.